Los niños detestan las coles de Bruselas y
adoran el chocolate. Lo primero es cuestión de papilas gustativas y lo segundo
de química cerebral. Ya que el cuerpo les pide dulce, al menos que sea casero
como estas magdalenas de chocolate. Como aquí nuestro lema es el “lo que pida”,
recomiendo apuntar cada paso de la preparación, porque las magdalenas, como los
niños, nunca se comportan igual.
Siempre se puede convertir cada fracaso en una oportunidad para
aprender, como con las rabietas. Podemos transmitir desaprobación por una
conducta, pero no desaprobación por la persona. Una magdalena concreta puede
achicharrarse, no subir, tornarse adoquín, pero en general ¡qué ricas están las
magdalenas!
Se pueden hacer con copete y esponjosas como las de toda la vida,
o más modernas tipo coulant, poco hechas y con un trozo de chocolate fundido
dentro. Todo depende del tiempo de horneado y la cantidad de harina. Las
magdalenas tienen sus trucos para que suban, que no se expandan en el molde,
que no se sequen, que queden esponjosas. Hay cientos de páginas que explican
detalladamente cómo conseguir la magdalena perfecta, como hay cientos de
manuales para combatir las rabietas. Entre los consejos más efectivos para lo
primero: batir a punto de nieve las claras con una pizca de sal, tener los
ingredientes a temperatura ambiente, dejar enfriar la mezcla en la nevera unos
minutos antes de meter los moldes al horno, utilizar además de la levadura
habitual un sobre de gaseosa, usar harina floja de repostería.
Desgraciadamente para lo segundo la química
no es lo más recomendable y la paciencia y el tesón son a la larga la mejor
levadura. No nos enfademos porque la magadalena no suba en el horno, tampoco
con una mala conducta, sino que ofrezcamos los medios, enseñar a enfrentar el
la frustración poniéndoles nombre a los sentimientos y necesidades, ofrecer
cuando sea posible una alternativa intermedia entre lo que quieren y lo que
queremos. Es increíble la sabiduría que demuestran los niños desde muy pequeños
si se les da la oportunidad.
Que no les gusten las verduras es lo normal
-sus papilas gustativas están más sensibilizadas ante los sabores amargos, que
perciben con mucha intensidad- y más lógico aún es que les guste el dulce, que
se relaciona con las necesidades energéticas del cerebro, que utiliza la
glucosa como combustible. E inevitable va a ser que les encanten estas
magdalenas de chocolate.
MAGDALENAS
DE CHOCOLATE
Ingredientes
3 huevos
4 cucharadas colmadas de azúcar
2 cucharadas colmadas de harina
100 g chocolate de fundir
Una nuez de mantequilla
4 cucharadas de nata líquida
½ sobre de levadura + ½ sobre de gaseosa
Preparación
1. Batir las claras con una pizca de sal a
punto de nieve. Añadir el azúcar cucharada a cucharada y a continuación las
yemas una a una. Mezclar las levaduras y la harina e incorporarlas a la mezcla
suavemente, removiendo lo mínimo posible.
2. Preparar el chocolate de fundir al baño
maría con una nuez de mantequilla y la nata. Incorporarlo a la mezcla anterior.
3. Rellenar los moldes de magdalena hasta
2/3 de su capacidad. Si son de papel habrá que meterlos en otros rígidos para
que la masa no se expanda al abrirse el molde. Puede añadirse un trozo de
chocolate en cada magdalena para que quede fundido dentro.
4. Hornear entre 12 y 15 minutos a horno a
unos 200ºC.
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